lunes, 4 de julio de 2011

como una peli francesa

parecía una película francesa. tres chicas adolescentes charlando en la piscina. 
ante la palabra corrupción, que se repitió, puse la antena. genial, pensé, ellas no saben que las estoy escuchando y ahora voy y me entero de lo que hablan las crías y cómo lo hacen y todo eso porque de ver tanta peli de adolescentes gilipollas, llega una a pensar que son así la mayoría...

eran tres, como las gracias. 
una morena de voz grave y ojos profundos que exponía su punto de vista sin apresurarse, como si josé bono le hubiera dado la palabra pero para siempre, para que se la llevara a su casa o, como en este momento que narro, para que nos mantuviera atentos. 

otra castaña, pizpireta, rápida de movimientos y de pensamientos, a juzgar por la cantidad de ellos que expresaba, mientras miraba a sus amigas y comprobaba que la atendían y la entendían. todo un reto a su edad, digo, que alguien te entienda y te atienda.

y la tercera no era muda porque la vi hablar por el móvil pero si no llega a ser por esto... aunque no, porque los mudos suelen ser también sordos y ésta no perdía una palabra de lo que decían las otras. esta gracia era la más graciosa de las tres por lo menos en sentido físico. era muy gordita, lo cual seguramente era la causa de su diferencia y de su mudez. a esa edad, 16 o 17 años, esas diferencias suponen un mundo, sin embargo rubens se hubiera vuelto loco con ella, porque era hermosa, gorda y hermosa. y no sólo un pintor, sino un albañil, un ferretero, un médico, una taxista...

en fin, que charlaban y se comunicaban con tal riqueza de argumentos, de clarividencia y de discreción, que diría homero, que me animaron muchísimo. 

estábamos en una piscina de un pueblo de una castilla, la del norte, y me permitieron contemplar uno de los panoramas más alentadores del momento. 

parecía una peli francesa de esas que hablan y hablan y todo lo que dicen es inteligente.

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