domingo, 29 de marzo de 2015

algo divino dentro

me quiero ir de este país porque me duele más allá de lo razonable.

no me iré, de todas maneras. 
hay dolores que hay que apurar hasta la hez, como dice la biblia, por cierto, libro clarividente de la naturaleza humana, no de la divina. de dios no sabe nada pero sabe mucho de los miedos humanos, de las debilidades de la gente, de las aspiraciones de cualquier persona del siglo uno o del veintiuno. por eso es un gran libro, no porque lo haya escrito dios ni el demonio.

pierdo el tiempo y la paciencia y me desgasto tratando de mostrar a algunos que tienen una parte noble y buena aunque no lo sepan, porque, cuando les cuento que todo esto tiene que acabar y que podemos terminarlo nosotros, no me estoy refiriendo a salvar a los koalas sino a salvarnos a nosotros mismos del derrotismo de creer que sólo servimos para obedecer. 

nunca aceptaré el terrible destino de no poder cambiar las cosas, pese a los cobardes y sus sempiternos discursos encubridores de sus carencias.

todo esto tiene remedio, de hecho estamos destinados a ganar porque no tiene otra explicación que teniéndolo todo en contra, después de siglos de explotación y de adoctrinamiento, en el fondo de nuestras conciencias sepamos que tenemos razón, que no nos rindamos, y a trancas o a barrancas, sepamos que hay algo en este mundo que corregir.
nuestra íntima convicción de que tenemos que ganar persiste.

si pudiera dejar de querer a esta tierra me iría.
pero no puedo.

domingo, 22 de marzo de 2015

podemos delendum est

por lo demás, opino que carthago debe ser destruída.


(cetero, censeo carthago delendum est)

esta era una idea fija que tenían algunos políticos romanos sobre el siglo II ac, aunque se le atribuye principalmente a catón. 
los cartagineses, antiguos fenicios, se habían convertido en el rival único de roma porque comerciaban mejor que los romanos y desde más antiguo y éstos no estaban dispuestos a consentirlo. sobre todo porque roma, a esas alturas, se había convertido en una potencia militar más que nada, y no perdonaba otra superioridad que la suya.

como un nuevo catón el viejo, los voceros oficiales de la oficialidad actual, en detentación del gobierno o en turno de espera, que lo mismo da, se desgañitan reclamando medidas contra el éxito de la nueva, y corrosiva para los fines espurios de la gentuza, formación política y sobre todo social.

ahora, en román paladino, los políticos de la casta y sus abogadillos de los medios de comunicación, andan preocupados. como el reo cuando le preguntan por su cena favorita.

esta gente del poder, que no es que sean poderosos desde el franquismo, que ya estaría bien, sino que lo son desde felipe II, no concibe siquiera perder. es tan fuerte la historia de los poderosos en españa que casi ni nosotros mismos concebimos que pierdan. pero he dicho casi.

porque de manera subrepticia, sin ruidos ni zambombazos, la sociedad ha ido cambiando de mentalidad. los estudios  con financiación pública, durante las últimas décadas, mal que bien han formado a la gente. no a toda la gente pero sí a muchísimos. 

y la cultura, amigos, es inexorable. 
por ella sabemos cómo se hicieron poderosos los poderosos. 
por ella nos informamos de las malas artes que han utilizado siempre con nosotros. 
la cultura, gente, nos hace seres conscientes. 
y la consciencia es lo único que nos separa realmente del resto de los animales que pueblan el planeta.

así es que bien pueden temblar los que tienen negocietes a medias, los que han cobrado por adelantado, los que han prometido pelotazos a costa de la sanidad, de la escuela, de la administración, de la vivienda, sí que tiemblen porque están a un paso de no poder cumplir sus compromisos, y eso debe de dar un miedo atroz. 

también hay catones en los medios de comunicación. periodistas que mienten, manipulan la información hasta hacerla irreconocible, cobran cheques por ocultar datos al público, proponen intoxicaciones periodísticas a los partidos políticos a cambio de quién sabe qué contrapartidas. 
uno de estos catones es sin duda eduardo inda. no suelta frase sin terminarla diciendo algo de monedero o de venezuela. algo así como: 

y, por supuesto, podemos debe ser destruída

¿pensaron alguna vez de niños estos tipejos en dedicarse a la infamia? seguro que no, pero lo verían en casa, en compañeros, necesitarían curarse alguna inferioridad... y dieron con sus huesos en la prensa canalla donde nadie puede mirar a nadie por encima del hombro porque todos son enanos en ética.

qué triste destino servir de perros a los poderosos. 
como el atila de novecento.