domingo, 24 de febrero de 2013

la invisibilidad de las mujeres y otros seres adultos

el ser humano es el único ser en la naturaleza, por lo que sabemos, (que yo respeto mucho la cantidad de cosas que ignoramos) que hace planes, no ya de futuro, pleonasmo que popularizó el ínclito felipe gonzález, chulo entre los humildes, humilde entre los chulos. bueno, sigo, que hace planes de largo alcance, y hace tantos planes y de un alcance tan fabuloso, que se acojona.

se acojona y echa mal las cuentas, o las echa bien pero le salen mal. voy a intentar que se me entienda y tenga cierto rigor lo que escribo porque si dejo que mis neuronas salgan de caza intuitiva de una pieza algo espectral, puede ocurrir que recorra todo un bosque de ideas sin lograr ver ni un árbol. 

por lo tanto, y para que se me comprenda mejor, expongo uno o dos ejemplos. el de la esperanza de vida de una determinada población y el ya famoso de la cantidad de pollo que come una determinada población anualmente, de donde se calcula que los habitantes de esa población engullen 20 pollos al año, pongo por caso, cuando la realidad es que muchísimos de ellos se comen uno a la semana, lo que haría 54 al año, y otros muchísimos más, ni lo prueban.

pero si la media sale 20, o la cifra que sea, puede ser muy útil estadísticamente para, por ejemplo, averiguar cuántas granjas avícolas hacen falta, y si es para eso, pues me callo.

ahora, en cuanto al ejemplo de la esperanza de vida, pido a cualquiera que no tenga una funeraria que explotar o cualquier otro negocio similar, que me explique para qué demonios sirve. 

porque saber que las españolas que nacen estos días (el cálculo se hace cada cierto tiempo, pero siempre referido a la gente que nace ahora, no a los que llevamos unos añitos por aquí), tienen una esperanza de vida de 83 años, da pie a más errores que ventajas, sobre todo si una pretende hacer de la estadística una aplicación práctica, o sea, una aplicación.

primero, no sirve de nada porque te pilla un coche mañana y te vas al hoyo aunque te falten 30 años para alcanzar la cifra que te corresponde.

segundo, a las mujeres actuales nos sirve de menos aún porque hemos sido inoculadas del mal de la invisibilidad, que cursa con el síntoma de considerar hábiles sólamente los dos primeros cuartos de la esperanza de vida calculada, y no de la totalidad de la misma, lo que convierte la segunda mitad de ésta en un largo, con suerte, período confuso e informe durante el cual cada una hace lo que puede, improvisando, dado el poco interés que suscita la vida de las mujeres a partir de los 45 años aproximadamente.

que una mujer haya vivido 46 años, por ejemplo, no significa, como podría parecer, que le falten casi la mitad de experiencias por vivir, la mitad de carcajadas que soltar, la mitad de lágrimas que verter o más de la mitad de polvos que echar (porque hasta los 15 por lo menos no echas ninguno), de la totalidad de su vida. 

no. probablemente, no pasen de un 20% estos últimos, de un 30% las experiencias y las risas, aunque sí es probable que tengas motivos para verter más lágrimas de las que suponías que pudieran salir disparadas de tus sacos lacrimales.

así que por más que lo pienso, no consigo entender la utilidad estadística cuando se refiere a asuntos personales.

es más, creo que unos padres medianamente responsables, deberían poner todo su empeño en hacer comprender a los aprendices de adultos que tienen a su cargo, que deben vivir como si fueran a morir al mes siguiente, para que cuando de verdad llegue esa hora, tengan la sensación de haber vivido mil años.

vale.


domingo, 10 de febrero de 2013

los vampiros del estado

el estado social no ha existido siempre.

todos aquellos que insisten en que cuanto menos estado, mejor, serían difícilmente comprendidos por sus abuelos o bisabuelos. ellos guardaban celosamente una cierta cantidad de dinero bajo el colchón por si venían mal dadas.

quizá las generaciones de menos de 40 años no sean capaces de imaginar un mundo en el que los ancianos no cobraban ninguna pensión y tenían que trabajar en lo que fuera o pedir limosna, o incluso soportar la convivencia con yernos, nueras o hijos desconsiderados o crueles, antes de derrumbarse en algún rincón, contentos de morir.

tampoco sabrán nada de la impotencia y humillación de los escolares inteligentes y espabilados que tenían que obtener notas sobresalientes para continuar sus estudios, compensarlos con algún tipo de tarea en la escuela o, peor aún, abandonarlos para ponerse a trabajar.

no, el estado del bienestar no ha existido siempre, de hecho ha supuesto una dichosa excepción en la historia de la humanidad. quizá nos hemos acostumbrado, y como con todo lo que entraña costumbre, hemos embotado la inteligencia. 

pero además, el estado no sólo ha servido dignamente a toda la sociedad sino que nos ha cohesionado como ciudadanos. reconocernos receptores de servicios sociales ha creado espíritu de cuerpo. los servicios sociales no han servido únicamente a las clases más empobrecidas sino que su gran logro ha sido que han servido sobre todo a la inmensa clase media que ha disfrutado, orgullosa y confiada, de ellos.

o, por el contrario, quizá ha sido la imprescindible necesidad de la gente de tomar en sus manos la responsabilidad de evitar de alguna forma que las dos horribles guerras mundiales pudieran repetirse la que ha hecho germinar esa cohesión.

frente a ella, el individualismo que preconizan los poderes financieros y los gobiernos complacientes con éstos, actúa de disgregador. la globalización ha alejado la producción de nuestros hogares, la multiculturalidad ha introducido lo ajeno en nuestro ámbito, factores que, entre muchos otros, han favorecido  la pérdida de nuestra identidad y la indiferencia social.

pero todos, se adhiera uno al bando que quiera, debemos saber que hay cosas, muchas, que o se hacen colectivamente o no se hacen. nadie mas que los millonarios son capaces de afrontar un tratamiento crónico durante mucho tiempo. nadie mas que los millonarios pueden pagarse aviones privados o redes eléctricas o calefacciones particulares o policías. 

mienten los que dicen que prefieren pagarse ellos mismos las cosas que vayan a utilizar y a cambio librarse de pagar impuestos. 
mienten porque ocultan que si pueden pagarse un tratamiento carísimo en un hospital es porque la sociedad con sus impuestos ha corrido con el gasto de la investigación, de la construcción del hospital, de la formación de los especialistas. ellos, simplemente la han vampirizado. de hecho, creo que ése es su plan.

la disyuntiva está entre estado social o estado a secas, como el que ha existido hasta hace un siglo, cuando los gobiernos no eran mas que los instrumentos mediante los cuales las clases económicamente potentes ejercían su poder. 

lunes, 4 de febrero de 2013

el compromiso

hace tiempo que tengo la intención de hablar de los animales pero no me termino de animar porque me da la impresión de que se trata de un asunto que no controlo bien, que hablo un poco sin fundamento. solo que hoy me he animado.

hay muchas cosas dentro de nosotros mismos que están dormidas, anestesiadas, en las que no reparamos, sobre las que jamás nos hemos preguntado nada y por lo tanto sobre las que nunca dudamos.

y es justamente esto lo que debería bastar para que nos parásemos a pensar. ninguna duda. ¿cómo es posible? ¿quién nos ha dado la solución sin haber planteado antes el problema? ¿quién tenía la respuesta?

las respuestas a estas preguntas nunca formuladas, las dan siempre los mismos. los mismos que decidieron hace muchos siglos que las mujeres carecíamos de alma. los mismos que se la negaron a los indios americanos y más tarde a los negros. aquéllos que mucho antes aún impusieron la guerra del hombre contra la tierra. los que prescindieron de la colaboración con ella. los que la hollaron sin respeto y con violencia. los miserables hércules que, como aquél legendario, elevó a su adversario en el aire para despojarlo de la fuerza que tomaba de su madre tierra y poder así, eliminarlo, enajenarlo.

imaginemos la clase de fuerza, la presión que fue preciso que hicieran para separar a las personas de la tierra, para hacernos creer SIN DUDAS RAZONABLES, como en las películas americanas, que los humanos no tenemos nada que ver con la tierra, con el resto de los animales, con el mar y con el aire. que podemos prescindir de todo ello, y que haciéndolo no vamos a echar nada a faltar, que seremos completos olvidándonos de donde procedemos.

sin embargo, no es cierto. cada día que renegamos de la naturaleza, de alguna forma pagamos por ello. cada día que ignoramos a los animales, también. cada día que se nos cruza la sombra de una duda y sacudimos la cabeza para ahuyentarla, lo hacemos. nadie nos castiga por ello. sin ser conscientes, nos castigamos nosotros solos. 

un día, en mi vida semiconsciente de humana satisfecha, se me cruzó un cachorro de perra. tenía entonces miedo cerval a estos mamíferos, pero pudo más el sentimiento de protección que surgió de mi interior. y fue a través de la fisura que se produjo entonces como se me fueron colando las cuestiones sobre las que yo no había tenido nunca el menor deseo de pensar, sobre el que yo no había tenido nunca ninguna duda. 

al conocer a un animal concreto, me fue posible conocerlos a todos. al despertarse la sensibilidad sobre determinadas cuestiones, se despierta sobre todas las cuestiones. al sentirte, como ellos, parte de la tierra, encuentras compañía, la de los tuyos.

entonces, comencé a enterarme de lo que les hacen a los animales para que sirvan a nuestras necesidades, a nuestros caprichos, a nuestras aberraciones, a nuestro aburrimiento, y sobre todo a nuestro lucro. 

han convertido su vida en una tortura continua, en una pesadilla. no necesitamos matar tantos animales para nuestra supervivencia. no necesitamos explotarlos de forma tan ruin, tan violenta. esas prácticas de horror sólo son necesarias para el enriquecimiento desmesurado de los de siempre. 

decidí comprometerme de manera poco espectacular. no me parecía tener derecho a dar ninguna lección, yo que nunca me había planteado estas prácticas. decidí que nadie mataría un animal para que yo lo comprara y lo comiera.

nadie lo haría más en mi nombre.