lunes, 25 de abril de 2011

si hasta respirar es un acto ético, no digamos el fútbol

es enternecedor, a mí me lo resulta, comprobar cómo cada cual forma de manera inconsciente en las filas que cree que lo representan. pasa con todo y, naturalmente, pasa con el fútbol. lo de las dos españas se reproduce en casi todas partes, desde luego en el fútbol, también. 

sólo hay que ver a los más excelsos jugadores de los dos mejores equipos que campean por aquí. de verdad que me lo paso súper bien viendo a los astros de la pelota. y sacando conclusiones. parece un cómic.

uno, el de blanco, musculoso, altivo, inmisericorde, hermoso en su superioridad como un dios que no conoce la piedad ni la derrota. 
el otro, el blaugrana, bajito, habilidoso, mágico, tímido y astuto como un astérix, presa a veces de desánimo y falta de fé en sí mismo.

todos los que los observamos nos sentimos cercanos a una manera de comportarse o a otra. no son compatibles. ni siquiera son estrategias de juego, no nos engañemos. son representantes de la sociedad, de una manera de estar en el mundo, y están magníficamente comandados por los entrenadores que simbolizan su ideología. 
unos han comprado al míster más caro del mundo para que gane o muera. será por dinero...
otros lo han apostado todo por alguien de dentro, de casa, de casta, nacionalizado. 
no es sólo de fútbol de lo que se trata.
desearía que triunfase el juego bien ejecutado, no ser campeones a fuerza de agresividad, de meter miedo, de poner ceros en los cheques. 
metiendo miedo y tirando pasta algunos ganan muchas veces, claro. pero en el cómputo general, perdemos todos. 
a mí no me gustaba el fútbol.

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