lunes, 26 de septiembre de 2011

no hay derecho, a esa gente habría que tratarlos

en españa, hay varios millones de escopetas con licencia para matar animales. no me gusta esa gente que ocupa sus días de descanso en deambular por bosques y montes buscando algún ser vivo a quien arrebatarle la vida. 

hay algo que anda mal en ellos, hombres duros, sin compasión, ásperos, que madrugan para encontrar a las criaturas del bosque antes de que se retiren a descansar, porque no quieren dejarlas descansar, quieren matarlas para satisfacer algún rincón oscuro de su alma insensible. prefieren llenar de muerte los campos a disfrutar con el paisaje de los animales vivos, espléndidos, felices. prefieren la muerte a la vida.

qué gran valentía la del portador de escopeta que espera a que la corza baje al río a beber, hunda su morro negro en el agua fresca, levante con curiosidad la ligera cabeza al oír una pisada de impaciencia, un resuello asesino, y finalmente estampe sus bellos ojos en su matador, oponga su inocencia a la bala, su incomprensión a la codicia.

no somos los propietarios de la tierra, quizá todo venga de ese concepto cristiano de que somos los reyes de la creación y todo lo demás está a nuestro servicio para lo que se nos antoje hacer con ello.

pues no es cierto, y con su supuesto derecho, fundamentado en quién sabe qué, nos arrebatan a los demás la presencia de los animales, su magnífica visión, el consuelo de su existencia.

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